La acidificación del cuerpo: la causa primordial de las enfermedades degenerativas.

La relación entre ácido y básico (alcalino) está cuantificada en una escala de 1 a 14 y a esa escala se la llama “pH”. En dicha escala el número 7 corresponde a una sustancia neutra. Por encima de 7 la sustancia es básica o alcalina, y por debajo es ácida.

En resumen, estas dos sustancias, ácidos y bases (alcalinas), son opuestas y cuando se mezclan en las cantidades correctas se obtiene una sustancia balanceada, es decir, con un pH neutro. La sangre debería mantener un pH de 7,365, esto es, ligeramente básico.

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Las enfermedades fisiológicas, en una gran mayoría de casos, son el resultado de altos niveles de ácido que destruyen nuestro balance de pH hasta el punto de llevar al cuerpo a presentar síntomas de enfermedad. 

Los sistemas regulatorios internos, entre ellos el respiratorio, el circulatorio, el digestivo y los hormonales, trabajan para mantener el muy sensible balance ácido- básico. Cuando falta este balance se pueden presentar, en sus etapas iniciales, síntomas leves como erupciones de piel, dolores de cabeza, alergias, resfriados y problemas en los senos paranasales.

Como el cuerpo no puede soportar un desbalance extendido en el tiempo, los problemas de acidificación producen situaciones de salud cada vez más complicadas. Con el deterioro y debilitamiento de los órganos y los sistemas aparecen problemas de tiroides, hígado, glándulas suprarrenales y otros.

Si el pH se desvía mucho más hacia la acidez, los niveles de oxígeno en las células se deterioran y el metabolismo celular se detiene. Ante este peligro de muerte el cuerpo reacciona tomando las reservas de minerales que se encuentran en los tejidos blandos de los huesos (calcio) y de los músculos (magnesio) en donde, por supuesto, se generaran problemas al quedarse sin estos minerales que son claves para su funcionamiento. Allí surgen las bien conocidas enfermedades del esqueleto y los dientes.

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Los huesos, al perder sus minerales, deterioran su resistencia y flexibilidad, se pierde la densidad ósea y llega la osteoporosis, las articulaciones se inflaman y sobreviene el reumatismo, la artritis, se desgastan los discos intervertebrales produciendo ciática y otra buena cantidad de enfermedades derivadas de la falta de minerales y agua en los huesos.

Otro factor importante en el que la acidez afecta el funcionamiento del cuerpo es la actividad enzimática. Las enzimas son trabajadoras incansables, y de hecho están detrás de todas las transformaciones bioquímicas de nuestro cuerpo, de las cuales depende todo el funcionamiento de los órganos. Las enzimas sólo pueden realizar su trabajo en un medio balanceado. Si el pH no es correcto su actividad puede verse interrumpida o incluso detenerse del todo. Lo primero genera enfermedad y lo segundo, por supuesto, la muerte.

Si la acidez siguiera en aumento y alcanzara tal nivel que la sangre ya no la pudiera nivelar con los recursos robados de los sistemas del cuerpo, para librarse del problema se comenzaría a depositar ese ácido sobrante en los tejidos y en ese momento el sistema linfático, el principal activador del sistema inmunológico, tendría que neutralizarlo. La única manera en que dicho sistema puede actuar para lograr el balance de los tejidos es sacando los ácidos de allí y devolviéndolos a la sangre. Iniciado ya este círculo vicioso, la pérdida de más minerales y de sus funciones primordiales supondría una carga atroz para el hígado y los riñones.

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Si los ácidos de los tejidos no son neutralizados por elementos alcalinos los órganos con los que entran en contacto se irritan produciendo inflamación, muchas veces dolorosa, y lesiones o endurecimiento de los tejidos. Muchos casos de eczema o enrojecimiento de la piel se deben a la irritación causada por el sudor excesivamente ácido.

El exceso de ácidos en el cuerpo tiene también otro efecto devastador: la creación de organismos microscópicos como la candidiasis y otras muchas formas de hongos que cuando crecen en cantidades desproporcionadas a nuestras necesidades fisiológicas son en verdad peligrosas. El cuerpo necesita estas microformas, pero en cantidades controladas.  La piel también tiene su forma de manifestar el crecimiento de microformas: pie de atleta, irritaciones, eczemas, manchas, rugosidades, acné y hasta tumores cutáneos pueden ser manifestaciones de acidez interna y de microformas.

Lo grave de las microformas y hongos no son tanto ellas en sí mismas como sus desechos tóxicos acidificantes, llamados micotoxinas y exotoxinas, que se producen cuando digieren vía fermentación la glucosa, las proteínas y las grasas, dejando sus desechos tóxicos ácidos en nuestra sangre y en diversos tejidos, contaminando así los sistemas vitales. Las microformas aman la acidez, les encanta nadar en sus desechos ácidos. Viven en los ambientes bajos en oxígeno que se derivan de la acidez.

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Además de los problemas ya mencionados, la acidificación del cuerpo conduce a estados de gran fatiga incluso en estados de reposo físico o mental. Por lo general la persona afectada no tendrá entusiasmo ni ganas de hacer las cosas, y de hacer algo, se cansará rápidamente y le tomará mucho tiempo recuperarse.

En estos casos la persona tiende a volverse irritable, a preocuparse mucho, a dormir poco y puede alcanzar estados de depresión.Y es que los minerales como el magnesio, el calcio y el potasio que el sistema nervioso necesita para funcionar de manera adecuada son los minerales alcalinos que el cuerpo se roba para neutralizar los ácidos recibidos a través de la mala alimentación.

Como si todo lo anterior fuera poco, el desbalance también puede producir inflamación e irritación interna, sobrepeso, alergias, fatiga, desórdenes de comportamiento, desbalance neurológico, problemas con el metabolismo del azúcar, problemas de tiroides, daños en articulaciones, úlceras, colitis, infecciones vaginales, pérdida de mielina, artritis, lupus, hernia de hiato, aletargamiento, dolores musculares, esclerosis múltiple, infertilidad, problemas urinarios, mucosidades excesivas, tos habitual, irritaciones de garganta, rinitis, infecciones en los oídos, gripas frecuentes, asma y bronquitis.

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Ante este grave panorama debemos saber que los alimentos que producen acidificación y cuales son los que nos aportan el balance alcalino a nuestra sangre. Los alimentos que acidifican el cuerpo:

1. Todos los tipos de carne de animales terrestres o peces.

2. La leche y sus derivados lácteos

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3. Huevos

4. Harinas de todo tipo

5. Azúcar (gran acidificante)

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6. Vinagres ( muy alto acidificante)

7. Nueces y semillas (salvo la almendra cruda)

Por el contrario los alimentos que alcalinizan evitando la acidificación son:

1. Todos los vegetales de tierra, en especial las hojas verdes.

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2. Todas las verduras de mar (algas y microalgas)

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3. Frutas bajas: Limón y Toronja o Pomelo.

4. Pastos de cereales como el Wheatgrass

5. Semillas tipo cereal: quínoa, trigo sarraceno, mijo y amaranto

En el libro “el poder del alimento” encontrará una descripción detallada de los alimentos que debemos tomar para lograr un balance de pH óptimo para recobrar o mantener la salud. También encontrará recetas que ofrecen este balance.

 

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